He despertado esa mañana, muy feliz. Estaba contenta, ya que solo faltaba unos días para mi cumpleaños. Algo triste por otra parte porque no lo pasaré con mamá.
Aún no sabe nadie porqué vivo con mis "padrinos" , se especula, pero nadie sabe, ni si quiera nosotros estamos seguros de lo que ha pasado. Pero lo que sé, es que lo voy a descubrir.
Vivo con ellos muy feliz, contenta y agradecida, desde el día que, hace exactamente nueve meses, cuando vivía con mi madre, a las afueras de la ciudad, en una enorme casa, derivado a nuestro estatus, mi madre decía que no éramos ricas, pero yo estaba segura de que sí. Vivíamos solas, felices, bueno, no completamente, ya que cuando yo tan solo tenía ocho años, mi padre, falleció. Mi madre me dijo que fue muerte natural, pero no le creo, hay algo de misterio, y es una de las cosas que estoy dispuesta a averiguar. Nunca había imaginado la vida sin mi madre, después de haber perdido a mi padre, ella era la única en mi vida, pero pasó. Un día como otro cualquiera, al volver del instituto, en el autobús, venía contenta, porque ese día saldríamos a comer juntas, pero ella no estaba. Me atrapó el miedo, la curiosidad en aquella enorme casa, llena de cosas de enorme valor, entre ellas, la más buscada de todo el mundo, la joya Whinter, aparentemente vulgar, pero con un valor extremadamente incalculable, algo que al recordarla, recordé el día anterior, en el que mi madre, me dijo: "Cai, prométeme que, pase lo que pase, nunca darás esta joya a nadie, es lo más valioso que tenemos, protegelo con tu vida" algo que yo tuve que prometer, porque lo último que yo quería era defraudarla, pero había una nota, ponía, "tenemos a tu madre, si quieres volver a verla solo tienes que darnos la joya, y ella será libre, firmado: La magia Whinter." Tenía dudas, solo habían preguntas, preguntas, preguntas y ni una sola respuesta a tanto misterio, a porqué mi padre había muerto y porqué mi madre ha desaparecido, pero sea lo que sea, ya ha llegado la hora de averiguarlo.
-Buenos días, Mike, Enma. Dije con una sonrisa, al llegar a la cocina, donde estaban mis padrinos con Bayron preparando la comida.
-Buenos días Cai, ¿cómo estás? ¿Necesitas algo? Dijo con preocupación Mike.
-No, muchas gracias Mike, estoy servida.
Acto seguido, desayuné. No era a lo que estaba acostumbrada a desayunar con mamá, lo que nos hacía Gladis, la criada ni mucho menos. Era leche, cereales, y galletas. Lo suficiente para comenzar el día con energía, y no tengo que estar mas que agradecida con ellos.
He salido para coger la guagua, como todos los días. Pasando el churrero, he visto un señor, me sonaba de algo, pero no caía a quien, decidí pasar del asunto, deberían ser cosas mías. A lo lejos, entre la niebla he visto a Matty, a Christian y a Fran, como era de esperar, Sara llegaba tarde, como siempre.
-Hola chicos, ¿como están?
-Bien, contestó Chris, mi mejor amigo. Pero como siempre, Sara tarda.
-Ya es rutina, dijo Matty entre risas.
-Bueno, hoy os contaré toda la verdad, porqué vivo en casa de mis "padrinos", porqué siempre estoy tan rara, os contaré mi historia.
-¡AQUÍ ESTOY! Se escuchó a diez metros. Era Sara.
-Cai nos estaba diciendo que hoy nos lo iba a contar todo, porqué tanto misterio. Dijo Fran a Sara.
A veces creo que a Fran le gusta Sara, por eso a veces prefiero abstemerme y guardar mis sentimientos.
-Lo haré cuando lleguemos del instituto, necesito vuestra ayuda.
-De acuerdo. Dijo Matty.
Pasaron ocho horas. Ya eran las tres de la tarde, y la mañana no había sido otra cosa que rutina. Bueno algo nuevo si ha habido, en la hora del recreo, he salido a comprar unos churros, y he vuelto a ver al hombre, y sin más desapareció. Era todo tan raro, pero pensé que todo ha sido coincidencia, que nada tendría que ver con mis padres.
Al llegar a casa, he subido corriendo las escaleras, ya que Matty, me estaba esperando en la planta de abajo. Le caía muy bien Bayron, y en lo que yo me cambiaba se la pasaban hablando. No lo entiendo. No entiendo como a alguien le puede caer bien ese chico tan egocéntrico, pero lo hay.
Me he quitado la ropa, me he dado una ducha. He abierto en armario, y no sabía que ponerme. Decidí ponerme el vestido que me regaló mi madre antes de desaparecer, me encantaba. Era rosa, estampado de flores azules, junto con unas zapatillas blancas. He tardado un poco, bueno, bastante, casi una hora, pero ahí seguía Matty, esperando, a veces pienso que le gusto, y en realidad, creo que lo hago, pero eso quedará ahí.
-Ya estoy, dije corriendo por las escaleras, cogiendo el bolso y metiendo las llaves.
-Hasta luego Bayron, señor y señora Harrington. Dijo Matty.
Matty y yo, hemos ido en dirección de la casa de Fran, donde siempre quedábamos, y por el camino íbamos hablando:
-Cai, ¿te gusta Fran?
-Matty ¿Por qué dices eso? Contesté sorprendida.
-Lo noto en tu mirada, cuando estas con el. Contestó.
-No, no me gusta. Mentí.
Lo he notado apagado, en cuanto me preguntaba esto. ¿Y si le gusto? No, mejor olvidarme de esto, tengo otros problemas, si le gustó me lo dirá, tengo que centrarme en recuperar a mi familia.
Llegamos a casa de Fran, y estaban todos sentados como siempre. Sara, para sorpresa mía y de Matty estaba ahí, sentada como siempre en el puff azul, Chris en el sofá acostado y Fran en la silla del ordenador. Nada cambiado. Estaban todos anciosos por saber lo que tengo que contar.
Les comencé a contar lo que todos querían oír, comencé desde la muerte de mi padre, hasta la desaparición de mi madre, la carta, y el señor de esta mañana.
-El señor también lo he visto yo, parece estar buscando algo, parece de una secta o algo raro de eso. Comentó Matty.
-Pero...¿El qué? Que extraño es todo, suspiró Chris.
-Bueno... puede que... no os lo he contado todo. Tengo una joya, la joya de los whinter.
-¿Y tiene valor? Dijo Sara con sorpresa.
-Sí, mi madre el día anterior a su desaparición me dijo que, bajo ningún concepto, nunca diera la joya a nadie, derivado a que es muy importante para los Whinter.
-¡Ajá! Exclamó Fran desde la silla del ordenador. He encontrado algo. Tu familia es muy importante, ¿sabías?
-Jajaja, algo me habían comentado, cada vez que veía joyas entrar a mi casa. Dije con ironía.
Entonces el, comenzó a leer lo que ponía en internet:
Desaparecida Alexandra Whinter, heredera de los Dioses del mundo Whinter, donde aún continúa guerra, y lo hará hasta que ella, su marido aún encarcelado en la prisión Whinter, o alguno de sus dos descendientes consiga parar la guerra, para traernos finalmente la paz a nuestras tierras, pero hasta que alguno de los descendientes no cumpla los 15 años, no podrán hacer nada. Atentamente: Maximiliano Bientout.
-¡CAAAAAAAAI! ¿Tienes hermanos y no nos habías dicho nada? Gritó con asombro Sara.
Yo no pronuncié ninguna palabra. Estaba anonadada con lo que acaba de leer. Pasaron minutos hasta que tuve el valor de decir:
-¿Cómo has entrado en esa página Fran?
-Sólo tuve que poner una contraseña, y como me has contado lo de la joya de los whinter, probé y bueno... bingo. Respondió.
-Pero, yo toda mi vida he sido hija única, y mi padre... mi padre murió cuando yo tan solo tenía ocho años, ¿qué está pasando? Dije entre lágrimas, ya no aguantaba más, eran demasiadas preguntas para ninguna respuesta.
-No sé que está pasando, pero estoy seguro de que lo vamos a averiguar, sea como sea, por ti Cai. Dijo intentando consolarme entre sus brazos Chris.
-Ya es hora de irnos a casa, descansemos, y mañana investigaremos todo lo posible. Dijo Matty.
-Recordad, pasado mañana cumple Cai, no haremos nada que no sea disfrutar para que ella se sienta bien. Recordó Sara.
-Hasta mañana, dijimos todos.
Salí con Chris, en dirección hacia mi casa, derivado a que somos vecinos y así no vamos solos. No dijimos ni una sola palabra hasta que el, en medio de esas frías y oscuras calles de un Viernes de septiembre, me dijo:
-Cai, ¿qué crees que está pasando? Es todo tan raro... digo, tu padre que creías que estaba muerto, tu hermano o hermana, que nunca habías tenido, el señor...
Lo interrumpí con unas lágrimas desvaneciendose por mi rostro como la nieve por la chimenea los domingos de navidad.
-Lo siento. No tenía que haber dicho nada. Se disculpó.
-No te preocupes, dije con una sonrisa. Tienes todo el derecho a preguntar, pero eso son cosas que ni yo misma te sabré contestar.
Llegamos a mi casa, se despidió de mi, un intenso abrazo nos atrapó, hasta mañana dije, y acto seguido desapareció entre la niebla.
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